Vivimos una época en la que la inteligencia artificial (IA) es capaz de generar, corregir, resumir y sugerir textos en cuestión de segundos. Las herramientas digitales están al alcance de cualquiera, y el mundo editorial no está al margen de esta transformación.
Pero, ¿qué lugar ocupan las personas que editan cuando una máquina puede sugerir sin dudar? ¿Cómo se combina esa potencia con la escucha, la intuición, la ética y el cuidado del texto?
¿Para qué sirve la IA en procesos editoriales?
La IA puede ser una gran aliada. Ayuda a detectar errores gramaticales, inconsistencias de estilo o repeticiones. Puede sugerir sinónimos, simplificar frases, organizar ideas. En etapas iniciales, incluso sirve para dar un primer impulso a quienes tienen un bloqueo o están buscando estructura.
También resulta útil en tareas mecánicas: ordenar referencias, corregir puntuación básica, sugerir títulos tentativos. En ese sentido, la IA funciona como una herramienta de apoyo, que permite ganar tiempo y mejorar ciertos aspectos técnicos del texto.
¿Qué no puede hacer la IA?
La inteligencia artificial no tiene biografía. No tiene sensibilidad estética, experiencia vital, ni escucha emocional.
La escucha emocional es una forma profunda de leer. Implica percibir no solo lo que el texto dice, sino desde dónde lo dice: sus silencios, repeticiones, vacilaciones, su tono íntimo o enfático. Es reconocer la intención detrás de una estructura desordenada, la necesidad detrás de una palabra reiterada. Es leer con el cuerpo y con la experiencia.
La IA no puede escuchar eso. No puede acompañar.
Y la edición —la buena edición— es, ante todo, un acto de acompañamiento.
Cómo trabajamos: una fusión crítica
En nuestro trabajo editorial usamos herramientas digitales cuando suman. No las rechazamos, pero tampoco delegamos en ellas decisiones que requieren criterio humano. Cada intervención que hacemos en un texto parte de una lectura atenta, de una conversación con la autora o el autor, y de una pregunta ética:
¿Cómo ayudar a que este texto diga mejor lo que quiere decir, sin imponer una voz ajena?
Cuando usamos IA (por ejemplo, para detectar patrones de repetición o limpiar estructuras confusas), lo hacemos como insumo de análisis, nunca como respuesta automática. El criterio sigue siendo humano, situado y dialogado.
Editar hoy: entre técnica y humanidad
Creemos que editar hoy exige un equilibrio consciente: entre eficiencia y sensibilidad, entre tecnología y cuidado, entre lo que una máquina puede ofrecer y lo que una lectora entrenada es capaz de intuir, acompañar y respetar.
No se trata de competir con la IA, sino de devolverle al texto su dimensión humana.
¿Estás escribiendo y no sabes por dónde seguir?
Estamos acá para acompañarte. Ya sea que estés escribiendo un libro, una historia personal o un proyecto institucional, nuestro trabajo es ayudarte a darle forma sin que pierda su centro.